viernes, 29 de junio de 2012

la vida en slow motion

Los días pasan muy lentos cuando estás prácticamente icomunicado. Sin tele, sin internet. Apenas ayer pude usar una banda ancha que es increíblemente lenta.

     Pues resulta que ahora estoy cuidando a mi mamá y estábamos con miedo porque si no guardaba reposo absoluto, podría perder al bebé. Entonces me quedé aquí. Es lindo  porque mi mamá y yo nos habíamos distanciado un poco desde que empecé a vivir sola; la verdad ya extrañaba pasar tanto tiempo con ella. Y al mismo tiempo no era tan lindo porque me aburría cuando mi mamá dormía. Estaba comenzando a olvidar el blogy eso es más que lógico tratándose de mi. Trataré de escribir más seguido porque aquí desahogo mis traumas. Y si nos ponemos a pensar en mis traumas, tendría que escribir cada cinco minutos porque no entiendo cómo es que no estoy en un psiquiátrico; o siendo menos dramáticos, en terapia. Estoy traumadisisisíma. Pero eso es otro tema y creo que lo escribiré ahora mismo.

jueves, 21 de junio de 2012

Genio y figura, hasta la sepultura.

Pues, Humberto (mi abuelo) sigue en el hospital. Él siempre ha sido bastante soberbio y grosero si no se hace lo que él quiere.

Supongo (suponía) que cuando uno está hospitalizado y casi a punto de morir, se pondría a pensar, a ver lo que ha hecho bien y mal y en ese autoexploramiento uno encontraría que quizá no se ha portado de la mejor manera y de algún modo tratar de portarse mejor el tiempo que sea que le quede de vida. Pues no. Quizá sea su coraje de que no puede hacer nada, quizá sea que no le gusta la comida del hospital. Está más soberbio, grosero y prepotente que nunca. Nada le gusta. Quiere que TODO el personal esté a su servicio. Piensa que él es la prioridad principal del hospital. Y ya me está hartando.
Quizá sea cruel decir que uno está harto de un desahuciado, pero la razón es que el desahuciado no sabe lo enfermo que está. Lo niega. No lo reconoce. No tiene idea de que es muy probable que pronto deje de respirar. Y su soberbia es demasiada. Pocos hemos sido los que aguantan.

martes, 12 de junio de 2012

¿Todo pasa por algo? ¿Verdad que no?

Últimamente, a la vida le gusta joderme. Y ni si quiera sé por qué. Creo que no hice nada monstruosamente malo como para merecer esto: mi abuelo desahuciado, intento de robo en mi casa y mi perro amado, perdido. Pinche vida.

   Aunque, también hay cosas buenas: mamá está embarazada y al vivir sola y tener a mi novio como huésped/ residente semipermanente, puedo saborear la gloria de dormir y despertar con él. Practicamente vivimos juntos. Pero no es suficiente (nunca lo es). Mi mente se pone a pensar y a sacar conclusiones apresuradas. La situación que vive mi país actualmente es un poco atemorizante. Son signos claros de que algo grande va a suceder; una revolución o algo así. Mi novio está metido en esas cosas.
    No me malinterpreten, yo tampoco quiero quedarme de brazos cruzados viendo cómo hacen mierda a mi país, pero temo que las represalias son un peligro constante en la vida del univesrsitario revolucionario. Temo que le pase algo. Que nos pase algo. ¿Es por eso que somos tan felices en éste momento? ¿Porque sólo me espera un abismo de tristeza? A veces mi temor es tan grande que me hace llorar. Y él me pregunta que me pasa y le contesto que nada. No quiero que lo sepa.

Porque por algo pasan las cosas, ¿no? Las buenas y las malas. Las malas me trajeron felicidad. ¿Y la felicidad? ¿Me va a matar?