jueves, 21 de junio de 2012

Genio y figura, hasta la sepultura.

Pues, Humberto (mi abuelo) sigue en el hospital. Él siempre ha sido bastante soberbio y grosero si no se hace lo que él quiere.

Supongo (suponía) que cuando uno está hospitalizado y casi a punto de morir, se pondría a pensar, a ver lo que ha hecho bien y mal y en ese autoexploramiento uno encontraría que quizá no se ha portado de la mejor manera y de algún modo tratar de portarse mejor el tiempo que sea que le quede de vida. Pues no. Quizá sea su coraje de que no puede hacer nada, quizá sea que no le gusta la comida del hospital. Está más soberbio, grosero y prepotente que nunca. Nada le gusta. Quiere que TODO el personal esté a su servicio. Piensa que él es la prioridad principal del hospital. Y ya me está hartando.
Quizá sea cruel decir que uno está harto de un desahuciado, pero la razón es que el desahuciado no sabe lo enfermo que está. Lo niega. No lo reconoce. No tiene idea de que es muy probable que pronto deje de respirar. Y su soberbia es demasiada. Pocos hemos sido los que aguantan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario