Últimamente, a la vida le gusta joderme. Y ni si quiera sé por qué. Creo que no hice nada monstruosamente malo como para merecer esto: mi abuelo desahuciado, intento de robo en mi casa y mi perro amado, perdido. Pinche vida.
Aunque, también hay cosas buenas: mamá está embarazada y al vivir sola y tener a mi novio como huésped/ residente semipermanente, puedo saborear la gloria de dormir y despertar con él. Practicamente vivimos juntos. Pero no es suficiente (nunca lo es). Mi mente se pone a pensar y a sacar conclusiones apresuradas. La situación que vive mi país actualmente es un poco atemorizante. Son signos claros de que algo grande va a suceder; una revolución o algo así. Mi novio está metido en esas cosas.
No me malinterpreten, yo tampoco quiero quedarme de brazos cruzados viendo cómo hacen mierda a mi país, pero temo que las represalias son un peligro constante en la vida del univesrsitario revolucionario. Temo que le pase algo. Que nos pase algo. ¿Es por eso que somos tan felices en éste momento? ¿Porque sólo me espera un abismo de tristeza? A veces mi temor es tan grande que me hace llorar. Y él me pregunta que me pasa y le contesto que nada. No quiero que lo sepa.
Porque por algo pasan las cosas, ¿no? Las buenas y las malas. Las malas me trajeron felicidad. ¿Y la felicidad? ¿Me va a matar?
Nina, me ha sorprendido esta entrada. No esperaba que vivieras la situación así, tan desde dentro. No sé de que país eres, pero te envío mis ánimos desde aquí, donde las cosas tampoco van del todo bien. Pero bueno, en la tormenta siempre hay un rayo de esperanza.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu blog. Te invito a que pases por el mío, si quieres.
Muchos besos...
Muchas gracias. Por el apoyo y por leerme. Te sigo.
EliminarSimplemente Te amo Nina, muchas veces (siempre) no se que pasa por tu cabecita, porque no nos lo dices, pero tu tendrás tus razones. Sobra decir que estoy aquí.
ResponderEliminarNo es que no quiera decirlo, se me olvida. Ya el miércoles platicamos a gusto.
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